En lo que supone un importante hito técnico para la industria cinematográfica, la película «Superman» de 2025 se convirtió en la primera en utilizar la tecnología «4D-Gaussian Splatting».
Desarrollada por el estudio de efectos visuales Framestore, esta tecnología de campo de radiación neuronal se implementó para capturar «datos volumétricos reales» de las interpretaciones de los actores, específicamente para los cruciales mensajes holográficos «inestables» de la película.
La decisión de alejarse de los flujos de trabajo digitales tradicionales llevó a la creación de una etapa de captura personalizada con «192 cámaras de visión artificial». Este marco integral permitió a los actores actuar en una «toma continua de dos minutos» mientras estaban rodeados por un sistema de mapeo de luz RGB que se ajustaba perfectamente a la iluminación preplanificada por el director de fotografía. Este enfoque garantiza que los detalles más sutiles, como «los mechones de pelo, las propiedades subsuperficiales y los reflejos de los ojos», respondan con precisión a los movimientos de la cámara durante la fase final de efectos visuales.
La potencia de procesamiento necesaria para este nivel de detalle es inmensa. Las tomas en primer plano requirieron «tres horas de procesamiento por fotograma» y dos semanas de formación total en un clúster de GPU interno. Sin embargo, la recompensa para la posproducción es significativa: los cineastas pueden utilizar «cámaras virtuales» para ajustar las distancias focales y los ángulos creativos mucho después de que haya terminado el rodaje, «volviendo a filmar» eficazmente a los actores desde cualquier ángulo.
Más allá del mero realismo, la tecnología sirvió a un propósito narrativo fundamental. Para representar el «mensaje holográfico inestable» de los padres kriptonianos de Superman, Framestore manipuló directamente los datos volumétricos para crear «fallos y interferencias de aspecto auténtico». Al empalmar las interpretaciones humanas con secciones animadas, conservaron el impacto emocional de las interpretaciones y lograron una estética única y «corrupta» que parece una grabación real que lucha contra las interferencias.
Esta innovación marca un cambio en la forma en que las actuaciones volumétricas se integran en el cine taquillero, dando prioridad a la «emoción humana auténtica» a través de la captura de datos de última generación.
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