En los últimos días, en X se ha viralizado un vídeo generado con inteligencia artificial donde se recrea una pelea entre Superman y Darkseid al estilo visual de Zack Snyder.

Los personajes —tal como los reinterpretó Snyder— aparecen en una batalla épica, oscura, solemne, cargada de épica digital. Y muchos comentarios no se han hecho esperar: “Eso sí es cine, no un perro con CGI”, dicen, en clara alusión a Krypto de la película de “Superman” dirigida por James Gunn.

El contraste no es casual. Tampoco inocente.

El poder de la imagen (aunque no sea real)

El imaginario construido por Zack Snyder en “Liga de la Justicia de Zack Snyder” dejó una huella estética muy clara: tonos desaturados, dioses que parecen esculturas, violencia mitológica, gravedad constante. Para muchos fans, esa visión quedó inconclusa. La salida de Henry Cavill del papel de Superman terminó de convertir esa etapa en algo casi mítico.

La IA entra en ese vacío emocional como una fábrica de deseos cumplidos. ¿Quieres ver a Darkseid enfrentarse a un Superman? Aquí lo tienes. ¿Quieres una continuación “imaginaria” de la “Liga de la Justicia de Snyder”? La IA puede simularla en minutos.

Pero hay una diferencia fundamental entre una visión artística y una simulación algorítmica.

Lo que circula en X no es una escena rodada, ni dirigida, ni interpretada. Es una recombinación estadística de imágenes, estilos y decisiones creativas que otros ya tomaron antes. No hay riesgo creativo. No hay producción. No hay negociación artística. No hay autoría en el sentido tradicional. Hay cálculo.

La nostalgia como combustible

Parte del entusiasmo no tiene que ver con la calidad real del vídeo, sino con la nostalgia y la frustración. El llamado “SnyderVerse” se convirtió en una causa, en una bandera cultural. Para algunos sectores del fandom, cualquier alternativa —incluido el nuevo enfoque del DCU bajo Gunn— es vista como una traición.

De ahí que una escena generada con IA se celebre como “verdadero cine” mientras se desprecia un elemento como Krypto antes siquiera de ver la película completa. La comparación no es estética; es ideológica.

No se está defendiendo una escena. Se está defendiendo una identidad.

El ángulo incómodo: ¿de dónde sale esa IA?

Aquí es donde el debate se vuelve menos épico y más terrenal.

Los modelos de IA generativa no crean desde la nada. Se entrenan con enormes volúmenes de imágenes, vídeos y estilos preexistentes. Obras creadas por artistas, diseñadores, directores, fotógrafos y estudios que no han dado permiso explícito ni han recibido compensación por ese uso.

Cada vez que celebramos una “escena épica hecha con IA”, conviene preguntarse:
¿quién aportó el material original?
¿quién cobró?
¿quién decidió?

La ironía es evidente: se reivindica la “visión de autor” de Snyder mientras se aplaude una tecnología que diluye la autoría y se alimenta del trabajo ajeno sin transparencia ni pago.

El riesgo cultural: sustituir el proceso por el simulacro

El cine no es solo el resultado final en pantalla. Es el proceso: guionistas, directores de fotografía, actores, especialistas, diseñadores de vestuario, compositores. Es negociación, conflicto creativo, decisiones humanas.

Una escena generada por IA puede parecer espectacular, pero no implica nada de eso. Es un atajo visual. Un espejismo de producción.

Si empezamos a confundir simulación con obra, nostalgia con calidad y algoritmo con visión artística, el debate deja de ser sobre gustos y pasa a ser sobre el valor del trabajo creativo.

¿Se harán versiones de la Liga de la Justicia de Zack Snyder con IA?

Algunos ya especulan con “terminar” el universo de Snyder mediante IA. Técnicamente, quizá sea posible crear secuencias cada vez más convincentes. Pero eso no sería una película de Zack Snyder. Sería una imitación alimentada por datos de sus películas.

Y eso plantea una pregunta más profunda:
¿queremos que el futuro del cine sea la resurrección infinita de versiones pasadas mediante algoritmos?

La tecnología no es el enemigo. Pero la euforia acrítica sí puede serlo.

Porque cuando celebramos que una máquina “haga mejor cine” que un equipo humano, quizá no estamos defendiendo el arte. Quizá estamos defendiendo nuestra incapacidad de aceptar que una etapa terminó.

Y eso no es cine. Es duelo digital.

Sería hipócrita fingir superioridad moral. Todos hemos jugado alguna vez con la IA por curiosidad. Todos hemos sentido esa fascinación inicial al ver cómo una máquina genera imágenes imposibles en segundos. La tecnología impresiona. Seduce. Pero una cosa es experimentar y otra muy distinta normalizar que ese atajo sustituya el trabajo creativo de personas reales.

Y si tengo que elegir, lo tengo claro: vería un millón de películas mediocres de Superman —con sus errores, sus excesos, sus decisiones discutibles— antes que aceptar su sustitución por una versión generada por IA. Porque incluso una película fallida implica personas trabajando, arriesgando, interpretando, creando. Implica intención. La mediocridad humana sigue siendo humana. La perfección algorítmica, en cambio, es un eco sin alma.

Superman no necesita ser perfecto. Necesita ser humano. Y eso, por ahora, ninguna máquina puede fabricarlo.

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Por Miss Lane

Diseñé miles de inventos revolucionarios que me habrían convertido en la mujer más rica del mundo… pero los guardé en Megaupload. Ahora dirijo esto a tiempo completo.

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