Superman: The Kryptonite Spectrum #1
«Libro uno»
Guionista: W. Maxwell Prince. Dibujante: Martin Morazzo. Portada: Martin Morazzo & Chris O’Halloran. Portadas variantes: Juan Ferreyra, Tula Lotay, Alex Eckman-Lawn, Wes Craig
Superman se enfrenta a su peor debilidad en una historia en la que la kriptonita revela algo más que simple dolor físico. De la mano del aclamado equipo creativo responsable de *Ice Cream Man*, este evento de DC Black Label trasciende los límites del género, el tono y la forma, ya que Superman se ve expuesto no solo a la kriptonita verde, roja y negra, sino también a formas nuevas y nunca antes vistas, como la púrpura, la cobalto y la moteada. Cada uno de los cinco números sirve como una reflexión transgresora sobre el poder, la identidad y el trauma. Con Batman a su lado y la Tierra en juego, Superman debe enfrentarse a cómo los fragmentos de su mundo natal destrozado revelan las fisuras de su alma. Incluye Superman: The Kryptonite Spectrum n.º 1-5.
Historia
En la Fortaleza de la Soledad, Superman supervisa la recuperación de un meteorito cargado con fragmentos de kriptonita. Mientras uno de sus robots, el Bot 27, transporta las muestras, Clark recuerda los efectos de algunas de las variantes más conocidas: la verde provoca dolor, la roja altera las emociones, la negra divide su mente y la dorada es capaz de anular sus poderes.
La situación se complica cuando los robots le informan de un descubrimiento inesperado: existen nuevas formas de kryptonita cuyos efectos aún son desconocidos. Al mismo tiempo, en Metrópolis, los científicos de LexCorp comunican a Lex Luthor que han detectado exactamente las mismas anomalías. La noticia no tarda en enfurecerlo al descubrir que Superman se ha adelantado una vez más.
Consciente del riesgo que supone manipular materiales tan peligrosos, Clark recurre a Batman para investigar las nuevas variantes. Entre ambos identifican cuatro tipos inéditos: kryptonita púrpura, cobalto, moteada y arcoíris. Bruce propone destruirlas antes de que alguien pueda utilizarlas con fines peligrosos, pero Superman lo convence de que comprender sus propiedades es la mejor forma de evitar futuras amenazas.
Finalmente, Batman acepta participar en las pruebas. Con la ayuda de los robots de la Fortaleza, someten a Superman a una exposición controlada de radiación procedente de la kryptonita púrpura. Los efectos aparecen de inmediato. Clark comienza a percibir sonidos e imágenes desconectados de la realidad que lo rodea, como si su mente estuviera recibiendo información procedente de distintos momentos al mismo tiempo.
Mientras Batman analiza las alteraciones neurológicas provocadas por el mineral, Superman menciona de forma inconexa a Solomon Grundy. Lo que parece un comentario sin sentido adquiere importancia cuando, en ese mismo instante, Lex Luthor se encuentra precisamente frente al monstruoso villano en Metrópolis.
Para comprender mejor lo que está ocurriendo, Batman somete a Clark a nuevas pruebas. Cuando le muestra un calendario, Superman es incapaz de percibir las fechas en el orden correcto. Sin embargo, cualquier intento de análisis queda interrumpido cuando llega una emergencia: Lois Lane y Jimmy Olsen solicitan ayuda para detener el ataque de Solomon Grundy.
Aunque Batman insiste en que continúe bajo observación, Superman no duda en intervenir. Durante el enfrentamiento descubre la verdadera naturaleza de la kriptonita púrpura. No altera únicamente su percepción; le permite contemplar fragmentos del futuro, aunque aparecen de forma caótica y fuera de secuencia.
La batalla se vuelve especialmente complicada porque Clark pierde constantemente la noción del presente. Batman le aconseja dejar de intentar comprender toda la línea temporal y concentrarse en un único instante. Gracias a ello, Superman consigue ordenar las visiones, anticipar los movimientos de su enemigo y derrotar a Grundy con un golpe que lo lanza fuera de la Tierra.
Mientras tanto, Lex Luthor llega a una conclusión inquietante. Si Superman está experimentando con las nuevas kriptonitas, significa que intenta descubrir algo antes que nadie. Convencido de ello, ordena acelerar un proyecto secreto cuyo propósito permanece oculto.
Una vez desaparecen los efectos de la radiación púrpura, Clark experimenta una última visión. Durante unos segundos contempla una futura cena con Lois y recibe una noticia que lo deja completamente destrozado.
De vuelta en la Fortaleza, Batman decide no correr más riesgos. Confisca el fragmento de kriptonita púrpura y ordena a los robots que lo almacenen bajo estrictas medidas de seguridad.
Con una variante ya analizada, la atención se dirige ahora hacia la siguiente incógnita: la kryptonita de cobalto.
Superman: The Kryptonite Spectrum #1
Opinión
Superman: The Kryptonite Spectrum #1 marca el encuentro entre el equipo creativo de Ice Cream Man y el universo del Hombre de Acero, utilizando el descubrimiento de nuevas variedades de kriptonita como punto de partida para una historia cargada de imaginación. W. Maxwell Prince abre el número repasando los elementos fundamentales del mito de Superman —sus poderes, su origen y los efectos de las kriptonitas más conocidas—, pero lo hace con una puesta en escena que convierte esta introducción en algo más que un simple recordatorio para el lector.
La historia desprende cierto aire clásico que recuerda a las aventuras más imaginativas de la Edad de Plata y a propuestas modernas como All-Star Superman, aunque sin renunciar a una voz propia. Prince demuestra además una buena comprensión de los personajes que rodean a Superman. La presencia de Batman resulta especialmente natural, actuando como la figura de confianza a la que Clark recurre para supervisar unos experimentos potencialmente peligrosos. Lex Luthor también recibe un tratamiento acertado, reflejando tanto su obsesión por Superman como la forma en que se relaciona con quienes trabajan para él.
La primera de las nuevas variantes analizadas es la kriptonita púrpura, capaz de alterar la percepción temporal de Superman. A partir de esa idea, el guion introduce situaciones que juegan con la estructura narrativa e incluso con la propia relación entre la historia y el lector, un recurso poco frecuente en las aventuras del personaje.
En el apartado gráfico, Martin Morazzo y Chris O’Halloran vuelven a demostrar la compenetración que ya habían exhibido en Ice Cream Man. El color aporta profundidad y fluidez a cada escena, reforzando especialmente los momentos de acción y ayudando a que la narración mantenga un ritmo constante de principio a fin.
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