El próximo 16 de octubre se cumplirán veinticinco años desde que «Smallville» recibió luz verde. Lo que comenzó como un proyecto que, en sus primeras etapas de desarrollo, orbitaba otras ideas del universo DC, terminó convirtiéndose en la representación más extensa y emocionalmente rica de Clark Kent vista en televisión.

Diez temporadas —primero en The WB y luego en The CW— que nos permitieron acompañar a un joven destinado a convertirse en Superman… pero que todavía no lo sabía del todo.

Interpretado por Tom Welling, este Clark no empezó siendo un mito. Era un chico de campo, lleno de dudas, miedos y contradicciones. Y ahí estuvo siempre la grandeza de la serie: construir al héroe desde lo humano.

Antes del traje, la persona

Uno de los mayores logros de «Smallville» fue entender que el viaje era más importante que la meta. La relación con sus padres, el peso de las decisiones morales, la amistad y posterior ruptura con Lex Luthor (magníficamente interpretado por Michael Rosenbaum), y la llegada de Lois Lane de la mano de Erica Durance, fueron piezas que construyeron algo más que una precuela: construyeron identidad.

La serie no tenía prisa por ponerle el traje. Quería que entendiéramos por qué lo merecía.

Lo que significó para mí

Mi relación con Superman empezó mucho antes, cuando de pequeña vi «Superman: la película». Recuerdo quedarme mirando la pantalla completamente cautivada. Había algo en ese personaje que me atrapó sin que yo supiera explicarlo.

Con el paso de los años —estudios, etapas distintas de la vida— esa fascinación no desapareció, pero quedó en pausa. Como un libro querido que sabes que está ahí, aunque no lo abras durante un tiempo.

Y entonces llegó «Smallville».

La serie no “me devolvió” a un héroe que hubiera abandonado. Lo que hizo fue reactivar algo que estaba latente. Volví a sentir esa conexión inicial, pero esta vez desde otra madurez, desde otra mirada. Ya no era solo la niña fascinada frente a la pantalla; era alguien que entendía mejor las dudas, los errores y el peso de crecer.

«Smallville» me hizo agarrar al personaje con fuerza y no soltarlo hasta el día de hoy. Me llevó de nuevo a los cómics, a revisar otras versiones, a profundizar en su historia. No fue un reencuentro nostálgico: fue una reconexión consciente.

Un legado profundamente personal

En un panorama que con el tiempo se volvió más oscuro y cínico dentro del género, «Smallville» apostó por algo distinto: por el crecimiento, por la construcción paciente del carácter, por la idea de que la grandeza no nace, se forma.

Puede que hoy existan producciones más espectaculares o con mayores presupuestos. Pero pocas han sabido acompañar durante tanto tiempo el proceso de convertirse en quien estás destinado a ser.

Veinticinco años después de su gestación, sigo volviendo a «Smallville». No solo como serie, sino como punto de inflexión personal. Porque fue la historia que tomó aquella chispa que empezó cuando era pequeña y la convirtió en una llama constante.

Y desde entonces, no he vuelto a soltar a Superman.

Con motivo de este 25 aniversario, comienza aquí a partir de mañana una revisión completa de las diez temporadas de la serie. Un recorrido capítulo a capítulo por sus mejores momentos, sus aciertos, sus episodios más recordados y también sus etapas más irregulares. Desde los años del instituto hasta la transformación definitiva de Clark Kent en Superman, repasaremos cómo evolucionó la serie, sus personajes y el enorme legado que dejó en la televisión superheroica.

Algunas temporadas ya cuentan con reseñas publicadas, pero durante los próximos meses este especial irá creciendo hasta cubrir toda la serie.

Porque, después de 25 años, «Smallville» sigue demostrando que antes de Superman… estuvo Clark Kent.

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Por Miss Lane

Diseñé miles de inventos revolucionarios que me habrían convertido en la mujer más rica del mundo… pero los guardé en Megaupload. Ahora dirijo esto a tiempo completo.

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