Hay historias que forman parte de nuestra vida. Personajes que nos acompañan durante años y series que, sin saberlo, terminan cambiando nuestra manera de mirar el mundo. Para mí, «Smallville» es una de esas historias. Y hoy, 25 años después de aquel 16 de octubre de 2001 en el que se estrenó su capítulo piloto, no puedo evitar mirar atrás con una enorme sonrisa y mucha nostalgia.
Crecí con las películas de Superman de Christopher Reeve. Aquel era el Superman de mi generación, el Hombre de Acero con el que descubrí al personaje y al que siempre he tenido un cariño especial. Pero, aunque sentía curiosidad por su universo, todavía no había llegado a enamorarme de él. Eso ocurrió cuando conocí a Clark Kent en «Smallville».
Diez temporadas. Muchos aciertos, fallos y una historia que me fascinó de principio a fin. Una nueva interpretación de la mitología de Superman que me hizo descubrir que, detrás de los poderes, del traje y de la leyenda, había un personaje del que quería saberlo todo. Sabía que la serie se tomaba sus licencias, que no siempre seguía los caminos de los cómics, pero eso nunca fue un obstáculo. Al contrario: fue la puerta de entrada a un universo que todavía hoy me sigue maravillando.
Porque gracias a «Smallville» empecé a leer más sobre Superman. A conocer sus orígenes, sus historias, sus distintas etapas. A descubrir que había mucho más de lo que imaginaba y que aquel personaje tenía algo que me acompañaría para siempre. Como ya he contado tantas veces en los directos de La Atalaya, gracias a esta serie cogí la mano del hombre de acero y no la he vuelto a soltar.
Y hay algo especialmente bonito en todo esto: sin «Smallville», probablemente hoy no existiría Mundo Superman. El nombre de esta web nació de un foro de la época llamado Mundo Smallville, un espacio que también formó parte de esta aventura y que, con el tiempo, terminó convirtiéndose en algo mucho más grande. La serie no solo me devolvió a Superman: me dio el impulso para crear un lugar desde el que compartir mi pasión por él.
Hoy sigo viendo «Smallville». La he visto muchas veces desde que terminó, pero nunca me canso. Ahora, además, estoy reseñando sus capítulos en la web porque todavía faltan episodios por recuperar y porque volver a recorrer esta historia es, en cierto modo, volver a encontrarme con aquella persona que descubrió que Superman iba a ser mucho más que un personaje de ficción.
Veinticinco años después, Clark Kent sigue teniendo un lugar enorme en mi corazón. Y cada vez que suena «Save Me», cada vez que vuelvo a ver aquellos campos de Kansas o a ese joven que todavía no sabe en quién se convertirá, recuerdo por qué empecé todo esto.
Gracias, «Smallville», por devolverme a Superman. Por enseñarme que el héroe no nace cuando se pone el traje, sino mucho antes, en cada decisión, en cada gesto de bondad y en cada intento de hacer lo correcto.
Gracias por darme la mano del Hombre de Acero.
Y gracias por hacer posible Mundo Superman.
Feliz 25.º aniversario, «Smallville». Siempre serás parte de mi historia.
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